No podemos presentar este número de Mil mamuts sin hacer aunque sea una pequeña referencia a la enorme tristeza con la que nos enteramos de la muerte de Juan José Saer. Como dijo Andrés Rivera, ésa no fue una mala noticia sino una noticia de mierda.
Somos conscientes de que las expresiones de este tipo suelen parecer trilladas y también de que son inútiles frente a un hecho tan duro e irremediable como la muerte. Sin embargo, no queremos quedarnos callados porque creemos que Saer –si bien se ha destacado sobre todo por sus novelas– es, sin lugar a dudas, uno de los mejores cuentistas argentinos.
También queremos aprovechar este espacio para agradecer nuevamente a todos los que nos han enviado cuentos, cartas o mails en los últimos meses. Pudimos notar, a partir de estos contactos, que muchos lectores y autores ven la revista como un espacio cercano y amistoso. Nos parece fundamental que la cosa funcione así: nuestra intención es que Mil mamuts sea un medio de comunicación con “ida y vuelta”, en el que las iniciativas de los lectores puedan encontrar verdadero eco. Creemos que ésta es una antología abierta, no sólo porque se construye número a número, sino también por el tipo de diálogo que nos permite la serialidad.
Por otro lado, nos parece importante remarcar aquí las diferencias entre hablar de Hispanoamérica y de Latinoamérica, y explicar por qué elegimos, en la revista, dedicarnos al cuento latinoamericano.
Creemos que el concepto de Hispanoamérica remite únicamente a la cultura y a la lengua hispánicas, y que con esto se desestima la existencia de un proceso histórico que protagonizaron (y protagonizan), también, otras culturas y otras lenguas. Hablando de “lo hispanoamericano” se deja afuera, por ejemplo, y sólo en base a la lengua, a un país como Brasil, pese a que tiene una historia y una cultura muy afines a las de sus países vecinos.
Si bien “Latinoamérica” también remite –etimológicamente– a la paternidad exclusiva de una cultura europea (la latina), el concepto ha adquirido con el uso un sentido que lo despega de esa filiación única. De esta manera, “lo latinoamericano” logra dar cuenta, en la actualidad, de la autonomía de una región, autonomía que se fundó en el encuentro (no siempre pacífico ni simple, por cierto) de muchas culturas.
A fin de cuentas, nos parece más lógico pensar en una región con una historia en común, con afinidad cultural y cercanía afectiva, que pensar que la barrera de la lengua sea infranqueable: un argentino, un mexicano o un guatemalteco –creemos– siempre se van a sentir mucho más cerca de un brasileño que de un español.
Sólo resta decir que esperamos que disfruten de este tercer número y agradecerles por ser parte del “ida y vuelta” que pretendemos que sea Mil mamuts.


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